Aprendiendo a Vivir sin Ti
Hace poco más de un mes murió mi perro Toto. Tuvimos que tomar la decisión que jamás nadie quisiera tomar. Fue muy duro. Y lo cambió todo. Ya he tenido perdidas antes, pero esto lo cambió todo. Todas las perdidas te cambian. Quizá lo siento así porque es la reciente. Aun estoy dolido y lo extraño mucho y sigo pensando cada día como hacer para aprender a vivir con su ausencia. Es muy difícil. Pero a la vez hay algo que no logro comprender, pero lo siento como si yo ahora fuese más humano, más yo, más presente en la tierra, menos mente y más cuerpo y corazón, más tripa. Y eso se siente bien. Raro, pero bien. Vengo de una vida donde todo tenía explicación. La religión en un principio te dice qué es la vida, que es la muerte, que es lo bueno y que es lo malo, como hay que vivir. Es casi como un guión. Y no solo eso. La vida parece totalmente organizada en grupos, en fechas especiales y celebraciones, comunidades, rituales, y es casi un universo donde ya sabes qué hacer o cómo debes ser. Pero ya no tengo ese guión y esa organización. Cuando falleció mí mamá lo tenía. Y entonces sabía cómo atravesar su muerte. Luego falleció mí hermana. Y cuando eso pasó ya no tenía el guión religioso, pero tenía el guión espiritual, holistico, sabía todo sobre biodecodificación, constelaciones familiares, el mundo energético y todas sus medicinas, la física cuántica aplicada al ser. Otro guión. Y eso me sostuvo también. Pero entonces pasó lo de Toto. Y todo se cayó. Ya no hay religión, no hay guión holístico y entonces qué? Un vacío tremendo llegó e inmediatamente intenté encontrar un nuevo guión, una nueva explicación, pero nada de eso fue posible. El dolor no tenía como explicarse e interpretarse. No me quedó otra que sentir lo que sentía, sin siquiera poder llamarlo dolor. Lo que senti, es lo que sentí, sin ponerle palabras y explicación, tal vez solo nombrar lo que podía: Era un círculo en el pecho, un vacío, un espacio morado que se elevaba a través de mi garganta y se desvanecía por sobre mi cabeza, se lo llevaba el viento. Luego era algo aspero en mi garganta; y a veces eran imágenes de Toto en el centro de mi pecho acurrucándose, y era calor, y era su olor y todo parecía estar bien. Solo podia nombrar las formas, los colores y sensaciones. No otra cosa. No podía pensar que Toto había cumplido su misión. Porque esa era otra explicación más, que la verdad no me importaba ya. Porque nada parece tener sentido cuando algo así te atraviesa de verdad. A veces incluso llegas a detestar esas explicaciones. Porque no sabes si es verdad, no sabes si son verdaderas, solo queda creer y estaba harto de eso. Harto de la fe en cosas que solo son creencias. Y entonces me encontré con algo que sí es verdad y que fueron verdaderas: Era verdad que Toto murió, es verdad que eso ocurrió, pero también era y es verdad que fueron 14 años hermosos, su olor era verdad, sus ladridos eran verdad, sus besos, su jadeo, su colita moviéndose, los paseos fueron verdad, los abrazos fueron verdad, las noches que me levanté para cuidarlo cuando estaba enfermo fueron verdad, la alegría de verlo era verdad, el tiempo con él fue real y el amor fue y es verdadero. El amor que siento por él es real, lo siento, está y eso no es una explicación barata sostenida por una creencia. Eso es real. Extrañarlo es real, su ausencia física es real, pero el amor también, el calorcito que siento en el pecho al recordarlo también es real. Y me quedo con eso. No necesito guión para eso, no necesito una religión, no necesito una explicación espiritual y de física cuántica, ni psicólogica, filosófica ni científica, para entender su muerte. No necesito entenderlo para saber que aunque su ausencia física sea real, también lo es el amor. Y elijo eso. Es lo que queda y lo que nunca se pierde aunque se pierda. Dicen por ahí: si amas siempre pierdes, porque es verdad we todo termina. Pero no es verdad. No siempre pierdes. El amor nunca se pierde.

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